Jóvenes
“El secreto de la eterna juventud es tener una causa a la cual dedicar la vida.” (Helder Cámara)

BIENAVENTURANZAS DE LA JUVENTUD
(Mons.Vicente Zazpe)

Para renovar el país es necesario abolir primero las bienaventuranzas caducas y tramposas de la juventud....

Con San Lucas podemos decir:

¡Ay! De ustedes, muchachos y chicas, que ahora ríen porque después llorarán.

¡Ay! De ustedes muchachos y chicas, que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre.

¡Ay! De ustedes muchachos y chicas, que ahora profanan el amor, porque después lo lamentarán, ustedes y sus hijos en el matrimonio.

¡Ay! De ustedes muchachos y chicas, que ahora se despreocupan de las responsabilidades estudiantiles, laborales y sociales, porque después la vida se volverá contra ustedes.

¡Ay! De ustedes, muchachos y chicas cuyas preocupaciones no pasan los límites de la patota, el baile, la salida o la cancha, porque un día se sentirán solos, vacíos, desgraciados y la patria los demandará.

Para renovar el país, es necesario proclamar las bienaventuranzas válidas y auténticas de la juventud.

Bienaventurados los muchachos y chicas que hacen de la vida una ofrenda, un deber y una oblación.

Bienaventurados los muchachos y las chicas que deciden su futuro orando, consultando y reflexionando.

Bienaventurados los muchachos y las chicas que postergan su noviazgo hasta consolidar su voluntad, disciplinar su afectividad y madurar su inteligencia.

Bienaventurados los muchachos y chicas que optan por una carrera o un oficio para servir mejor a la comunidad.

Bienaventurada la juventud que se enamora de Cristo y quiere proclamar ese amor.

Bienaventurada la juventud que sufre cuando la Iglesia y el país padecen, y se alegra cuando la Iglesia y el país triunfan.

Bienaventurada la juventud que trabaja por la paz y la que tiene hambre y sed de justicia.

Bienaventurada la juventud que busca primero el Reino de Dios y lo demás lo considera añadidura.

Bienaventurada la juventud orante, penitente y eucarística.

Bienaventurada la juventud que prefiere perder el ojo, el pie, el brazo, si ese pie, ojo o brazo son ocasión de pecado.

Bienaventurada la juventud que es fría o caliente, porque la tibia será vomitada por el Señor.

Bienaventurada la juventud que, como María, se hace esclava de la palabra del Señor.

Bienaventurada la Iglesia que cuenta con semejante juventud, porque el Señor hará grandes cosas con esa muchachada.

Bienaventurada la patria que cuenta con una juventud recreada porque renovará su cultura, sus valores, sus instituciones, sus cuadros sociales, sus líneas de pensamiento, sus fuentes inspiradoras y su modelo de vida, y recuperará así su identidad nacional y cristiana.

Felices Uds. los jóvenes con alma de pobres, porque de ustedes es el Reino de los Cielos.

Felices Uds. los jóvenes que ahora sufren, porque serán consolados.

Felices Uds. los jóvenes que ahora son incomprendidos, insultados y hasta odiados por la causa del Hijo del Hombre, porque los espera una gran recompensa en el cielo.

Felices Uds. los jóvenes que proclaman la grandeza del Señor.

Felices Uds. que se alegran en Dios el Salvador, porque a Uds. los miró y los amó Aquel que es poderoso.

Felices Uds. porque ha obrado con los jóvenes cosas estupendas, Aquel cuyo nombre es santo, y cuya misericordia se extiende de generación en generación.

Con Uds. desplegó el poder de su brazo y aniquiló los planes de los soberbios.

Con Uds. derribó a los potentados de sus tronos, ensalzó a los humildes y colmó de bienes a los hambrientos.

A Uds. los colocó Dios en la vanguardia de su nuevo Israel, la Iglesia, para realizar sus designios misericordiosos, como lo había prometido a nuestros padres y a sus hijos por siempre jamás.

DE LA DISCOTECA AL CONVENTO: UNA JOVEN CUENTA SU CONVERSIÓN
(Fuente: Zenit.org, 9 marzo 2003)

Después de haberse ganado la vida bailando en los estrados de discotecas, Anna Nobili optó por la vida religiosa y por dedicar su vida a los necesitados, tras culminar un camino personal de conversión.
La hermana Anna relató en una entrevista publicada en el último número de «Mondo Voc» --la revista italiana de animación vocacional de los Rogacionistas--, el itinerario que le llevó a ingresar en las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret.
«Comencé a frecuentar las discotecas a los 19 años y continué hasta los 21. Fueron tres años muy intensos durante los cuales perdí totalmente la cabeza. Iba todas las noches y me quedaba hasta las ocho de la mañana», recuerda.
«Desde medianoche hasta las 4 de la madrugada me exhibía en una discoteca, y desde las 4 hasta las 8 iba a bailar a otra. Viajaba incluso fuera de Milán; por ejemplo, a Amsterdam, donde me quedaba cuatro o cinco días».
«Buscaba las discotecas más frecuentadas», continúa su relato; «de ahí mis relaciones con los hombres y el uso del alcohol».
Poco a poco se fue distanciando de esos ambientes. «No sé bien por qué -comenta la hermana Anna-, pero en cierto momento me sentí cerca de la Iglesia. Comencé a ir a misa los domingos y allí lloraba continuamente, sintiendo dentro de mí una presencia diferente».
«Veía a los jóvenes, que se querían de manera muy sencilla y estaban serenos. Un mundo auténtico, no falso como el que yo frecuentaba», prosigue.
El paso siguiente fue «un retiro espiritual en Spello, en la ermita de Carlo Carretto. Recé, hice largas meditaciones. Hasta que una tarde, en la plaza de Santa Clara en Asís, contemplando el cielo y la naturaleza, tuve una percepción clara de que Dios es el Creador y nosotros somos sus criaturas».
«Sentí en el corazón un gozo indescriptible -describe-. Y me puse a bailar. Esta vez no para conquistar a los hombres, sino para agradecer y alabar. Había encontrado lo que buscaba».
Ahora el proyecto de la religiosa es «vivir el carisma de mi Congregación al servicio, incluso a través de trabajos manuales, de los menos afortunados».
«El problema no es tanto ir o no ir a las discotecas -constata-, sino dejarse envolver en relaciones humanas insatisfactorias. Vayamos a la discoteca, pero con Jesús».
«Es normal que los jóvenes busquen sensaciones y que éstas se intensifiquen por la noche. Pero a menudo la vida nocturna se vive como una rebelión que lleva a la perversión», advirtió.
La Congregación de las Hermanas Operarias de la Sagrada Familia de Nazaret fue fundada en 1900 en el norte de Italia y hoy cuenta con 200 religiosas. El Instituto trabaja en situaciones de marginación, como la recuperación de ex prostitutas, y se ocupa de los problemas relacionados con la inmigración.

TODO EL MUNDO LO HACE
(Gaby Vargas)

¿Qué consejos puedes darles a las chicas para que no se dejen presionar por el grupo a tomar alcohol?, me pregunta al aire Rosa María de Castro, durante el noticiero de Monitor MVS, cuando comentamos sobre los riesgos que conlleva este problema.
Primero habría que preguntarnos: ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué las chicas están tomando a la par que los varones? ¿Por moda? ¿Por sentirse grandes? ¿Por falta de valores? ¿Para sentirse cool? ¿Para verse sexy?
Quizás un poco de todo. Pero la razón por la que la mayoría de los jóvenes entre 12 y 19 años hacen lo que hacen, no importa si se trata de tomar alcohol o vestir a la moda, fumar, tatuarse o ponerse un piercing, tener relaciones o no, se reduce a una frase contundente: Todo el mundo lo hace.
Al oír esta respuesta, uno, como adulto, se queda como si le cerraran la puerta en las narices; con ganas de razonar y decir mil cosas, al mismo tiempo que comprendemos esa sensación angustiosa a la que ellos se refieren:

La necesidad de pertenecer
La necesidad de pertenecer es un asunto que toca las fibras de la esencia humana especialmente en la etapa de la adolescencia. En los jóvenes, en particular, pertenecer o no a un grupito de amigos es un factor de supervivencia y hasta una razón de vivir. La presión de grupo afecta muchos aspectos de su vida.
“En la escuela, mis amigas me dejaron de lado, porque soy buena gente con una chica a la que todo mundo en el salón le tira mala onda. La pobre me da lástima, a mí no me gustaría que fueran así conmigo, pero mis amigas no lo entienden y no sé qué hacer”, me cuenta Andrea.
Enfrentarse al rechazo por una razón tan simple como ésta o por algo de mayor peso, es algo muy difícil de superar para cualquiera. A un joven lo pone en una situación muy vulnerable. Este asunto es bien conocido por el grupito de amigos, o al menos lo intuye, por lo que ponen a prueba a sus miembros ya sea con méritos o ritos de iniciación para poder tener el privilegio de “pertenecer”.
Esta presión puede ser tan fuerte, que logra que un chico haga cosas que jamás haría por su propia voluntad. Si a ti alguna vez te ha pasado esto, creo que para tomar tus decisiones es importante que sepas qué es lo que nos mueve a los humanos a responder a esto que se conoce como:

Presión de grupo
Inevitablemente, te vas a encontrar con gente que piensa que debes ser o actuar de cierta manera y va a tratar de influir para cambiarte. Esto te crea mucha confusión, especialmente si viene de alguien que te importa, que crees que es tu amigo y, encima, quizá todavía no estás muy seguro de quién eres tú.
A veces los consejos y las sugerencias te ayudan y te dan buenas ideas para explorar. Sin embargo, si te llevan hacia una dirección que te hace sentir en lo mas mínimo incómodo, ya sea porque va en contra de tus valores y principios, porque te obliga a hacer cosas que no quieres, porque pone en peligro tu vida, tu libertad o te causa problemas con tu familia, la escuela o con otras personas, hazle caso a tu intuición y no lo hagas.
“Es que si no haces lo mismo que todas, tus amigas te hacen sentir como bicho raro, o se burlan de ti, te critican, o simplemente te hacen a un lado”, continúa Andrea.

¿Por qué tendemos a ceder a la presión de grupo?
Porque estas actitudes de rechazo apelan a nuestros miedos más grandes: el miedo al abandono, al ridículo, al fracaso o al rechazo que todos llevamos dentro. ¿Quién no los tiene? ¿Que se siente horrible? ¡Claro!, por lo que dado el caso, no es fácil encontrar el valor suficiente para oponernos. Al mismo tiempo, pertenecer a un grupo nos hace sentir poderosos y aceptados.

¿Cómo hacerle frente a la presión de grupo?
1.- Aprende a decir "No". Dilo con convicción, fuerte y claro. Te darás cuenta de que al principio tus amigos quizás te rechacen, pero ten la seguridad de que luego te respetarán más que antes.
2.- No te creas el “Todo mundo lo hace”. No es cierto, no todo el mundo se emborracha, no todo el mundo fuma porro, no todo el mundo tiene relaciones sexuales. Éste es un argumento que, aunque no tiene mayor sustento, es tan poderoso que invita a iniciarte precisamente en estos campos.
3.-Tampoco te creas el “Una vez y listo”. Éste es otra de esas salidas que en el momento se escuchan fáciles y convincentes, “una vez y listo, no pasa nada”, pero de hacerlo, pueden arruinar tu vida o te darán la confianza para seguir con algo de lo que después ya no podrás salir: meterle al acelerador, entrarle a las drogas, al alcohol o a tener relaciones con alguien que no conoces o sin protección.
4.- No te engañes con el “A mí no me va a pasar nada”. Y ¿por qué no? Pregúntales a las personas que, por un segundo que duró su accidente, están ahora en una silla de ruedas, o les pasó algo que cambió drásticamente sus vidas. A cualquiera, incluso a mí y a ti, le puede pasar todo.
5.- Escucha a tu cuerpo. El cuerpo es muy sabio, a través de sensaciones te avisa inmediatamente cuando algo no le hace bien. Es un mecanismo natural de preservación. ¡Hazle caso!
6.- Establece alianzas. Busca a quien se sienta de la misma forma que tú. Es más fácil resistir a la presión cuando te sientes apoyada.
Por último, recuerda que tú eres tú, que tu vida la construyes sólo tú, y que tus verdaderos amigos son aquellos que te aceptan tal y como eres y a quienes no necesitas demostrarles nada. Así que “no todo mundo lo hace”.

UN TESTIMONIO
(Fr. Fernando Rodríguez)
Esto sucedió en mi bella Guadalajara hace ya bastantes inviernos.  Fue mi primera Navidad cerca del Señor.  Estaba en un grupo juvenil, el Círculo de Estudiantes Católicos, en el cual vivíamos una espiritualidad muy cerca de la vida.
Nos reunimos en la Casa Social la tarde del 24 de diciembre; tuvimos una celebración de la Palabra, cantamos villancicos, y al final hicimos un momento de oración.
Con la espontaneidad propia de la juventud, cada uno improvisaba sentidas palabras de alabanza y agradecimiento.
Una de las compañeras que solía ser un "cascabel", estaba muy callada.  Cuando empezó a hablar dijo palabras que a todos nos llegaron.
“Señor, te quiero pedir perdón porque este año quise prepararme para vivir la Navidad... y mira, estoy peleada con mi mamá... ando de mal humor, me siento toda deprimida.”
Todos nos quedamos sorprendidos por la honestidad con la que empezó ella a hablar...  Las lágrimas corrieron por sus mejillas.  Y un profundo silencio invadió la capilla.
Ella continuo hablando: “Pero, sabes, Señor, me alienta pensar que si te detuviste a nacer en una cueva fría, sucia y mal oliente, con toda confianza te puedo ofrecer mi corazón.  No estoy preparada, pero sin embargo, ven a nacer en mí.”
Para esos momentos ya todos nos habíamos contagiado de esa honestidad y esa paz.
Esa noche profundicé mucho en mi experiencia de Dios.  Yo me había acercado al grupo juvenil, sinceramente, porque había muchachas muy bonitas, y yo andaba en
busca de un amor que valiera la pena.  Los años previos, yo había vivido muy lejos de toda relación con Dios.  Cuando ingresé al grupo, pues “aguantaba” el ir a Misa con tal de disfrutar del ambiente con los demás jóvenes.
Esa noche visualicé mi corazón como esa cueva fría, sucia y mal oliente en la que nació el Salvador... y por primera vez, sinceramente, lo invité a entrar en mi vida.
Muchas cosas empezaron a pasar desde entonces, porque toda conversión es un proceso largo y gradual.... pero esa bendita noche de Navidad fue muy importante para mí.

VIAJE DE EGRESADOS: SI TODO VALE, NADA VALE
(Pbro. Luis Ausili)
Mirando las fotos de los viajes de egresados no puedo dejar de recordar a la soñada y paradisíaca, pero también controvertida "Bari-Bari-Bariloche". Meca de los estudiantes.
Pero, preguntando y preguntando, me convencí de que hay muchas formas de vivir el viaje. Simplificando las cosas, creo que existen dos grandes grupos. Algunos van a divertirse. Otros, a descontrolarse. Hay quienes están con sus compañeros y también quienes se dispersan. Están los que esquían, juegan al truco en el micro, desayunan con sus amigos. Pero también están los que destruyen el hotel, gritan groserías en las puertas de los boliches, se emborrachan y se entregan a las drogas y al sexo.
¿Quién determina todo esto? ¿El grupo? ¿El entorno? ¿Qué hacer? Porque no se trata de no ir a bailar, de dormirse temprano, de no hacer las clásicas e "inocentes" cargadas en el hotel; no propongo que no haya que divertirse.
Es cierto que Bariloche y sus atracciones conforman un ambiente difícil para tantos grupos de chicos, incitados por los "coordinadores" a hacer lo que tengan ganas, "hacé lo que sientas”.
Creo que el problema esencial es el objetivo del viaje: ¿individual o grupal?
El viaje empieza a concebirse como algo de todos: se hacen fiestas, rifas, bingos, lo que sea. (No falta quien sugiera la venta de un hermano). Hay reuniones con peleas incluidas, pero al final se toman decisiones por consenso. Se ha madurado como grupo.
¿Qué pasa en Bariloche? Parece que al llegar allá, este espíritu se diluye: cada uno hace la suya y busca su propio bienestar. Por eso las transas, el alcohol. La consigna pasa a ser la burla, la guarangada, el relacionarse con otros grupos o con los coordinadores. Ya nadie se identifica con el colegio, sino con la empresa de viajes. “Lo mejor del viaje de egresados es que hacés lo que querés, tenés toda la libertad” - se escucha muy a menudo.
Yo pienso que es más libre el que no precisa de todo lo anterior para divertirse. Esa idea generalizada de que HAY QUE HACER TODO LO QUE NUNCA HACEMOS, vivir a full y, en el fondo, vender los propios ideales, esclaviza más de lo que libera. Necesitamos comprender algo acerca de la libertad: no consiste en hacer lo que queramos, ni en ir a donde deseamos, sino en intentar todo eso sin pasar por encima de los demás.
La libertad no es un bien absoluto, precisa tener límites. “No, no son las rejas, ni las paredes, ni los bloques de piedra los que quitan la libertad. Lo que me transforma en prisionero es la falta de una llave. Por más grande que sea el muro, y por más pesada que sea la puerta, el hombre que tiene la llave es siempre un hombre libre”, dice el P. Zezinho.
Vivimos en un mundo paganizado, en que el placer del momento cuenta más que un proyecto de vida. Pero prenderse a esa vorágine y entrar en ese hedonismo, es vender los principios a cambio de unos pocos instantes agradables.
El que hace todo lo que los coordinadores digan y todo lo que los demás hagan, no está pensando, porque los demás están pensando por él. Al contrario de los animales, que hacen simplemente lo que tienen ganas de hacer, nosotros tenemos la capacidad de razonar. Si querés detenerte sólo en el instinto, ¡adelante! hacé lo que "sientas" y no te preocupes por nada más. Pero lo único que vas a conseguir a cambio son algunos ratos “eufóricos”, seguramente vacíos, que encima afectarán tu propia personalidad.
Pero si estás dispuesto a enfrentar la mentalidad consumista, hedonista, antirreligiosa y prepotente, de quienes ridiculizan a los que buscan en su viaje otro tipo de valores, animáte y encará de frente la situación.
Viví tu viaje con un sentido de grupo, como la mejor manera de poner un punto final a todos esos años con tus amigos. Muchos lo hicieron y te lo aseguro: ¡vale la pena!
Entender las cosas al revés
Muchas veces nos enojamos cuando alguien nos dice que no tenemos personalidad. Nos harta que nos traten como si fuéramos una masa. Defendemos a los gritos nuestro derecho a ser individuales, a ser personas únicas, a ser libres.
Entonces, ¿qué es lo que pasa en el viaje de egresados?, ¿cuál es la razón misteriosa que nos lleva a actuar al revés? Un coordinador con un megáfono, y cuatro gritos locos alcanzan para que todos nos transformemos en una masa homogénea, que es arreada sin objeciones hacia cualquier lugar: todos al boliche, todos al casino, todos acá, todos allá. No me parece que esto sea lo grave de la cuestión, no es para morirse que todos vayamos al mismo lugar para divertirnos juntos. Pero sí me parece preocupante que todos tengamos que hacer lo mismo para pasarla bien: el que no se toma un cerveza, no existe; el que no pierde plata en el casino, está en otra; el que no transó todas las noches con uno distinto, es un antiguo.
Creo que el viaje puede ser una oportunidad única para hacer de nuestros compañeros, verdaderos “amigos para siempre”. A esos con quienes compartimos la Secundaria completa, no tenemos que demostrarles nada. Nos conocen perfectamente, y aprendieron a aceptarnos en las buenas y en las no tan buenas.
Aprendimos a convivir
La experiencia de alguien: “Las anécdotas podrían ocupar mucho espacio, pero creo que nuestro viaje de egresados fue más allá de los hechos curiosos. No hizo del grupo una masa homogénea, ni reveló cualidades ocultas en ninguno de nosotros. Lo que sí logró fue algo mucho más tangible y duradero: aprendimos a CONVIVIR, a estar con personas de las que no sabíamos y pocas veces pretendíamos saber; y aprendimos a renunciar por ellas a ciertas ‘libertades individuales’.
Comprendimos que ceder es absolutamente necesario para acceder al entendimiento y la armonía, elementos indispensables para que cada uno disfrute de algo que es irrepetible; de la manera que más le parezca; trabajando entre todos para que la memoria de esta experiencia fuera eterna. Creo que de alguna manera, no sólo de esto se trató el viaje, sino de aprender a tolerar y respetar al prójimo. De eso se trata la vida misma.”
El día después
Muchos besos, abrazos, risas, llantos y otros tantos cantitos caracterizan el arribo de cualquier bondi que nos trae de vuelta del tan esperado (y ya acabado) viaje de egresados.
Lo mejor según muchos: convivir una semana entera con los compañeros del colegio y fortalecer los lazos de amistad, poder descubrir la personalidad de cada uno fuera de una clase, vivir una unión especial y sobre todo, dejar el colegio para disfrutar de una semana de “sana diversión” (una especie de rutina de salidas nocturnas, danzas frenéticas, pocas horas de sueño, turismo más que dormidos y soñando con qué... quién sabe... pero todo eso, obviamente, muy unidos.) Y así, entre algunos excesos no recomendables, pasan siete días de mucha euforia para llegar a lo peor del viaje: LA VUELTA.
En medio de la alegría, la emoción y los gritos durante el reencuentro con los familiares, se descubren las caras largas que delatan la cercanía del timbre del lunes a las 8 de la mañana que anuncia la primera hora de clase de matemática.
El objetivo de los últimos dos años de secundaria ya se cumplió, el tan esperado viaje de egresados ya es sólo ese recuerdo inolvidable que va a quedar para toda la vida, pero ¿qué de la realidad? ¿Cómo volver al colegio y ponerse las pilas para seguir? ¿Para qué seguir? Para una gran parte de la población del último año del Polimodal, el objetivo de los últimos meses pasa a ser la organización de la Fiesta de Egresados, otra vez a juntar plata, buscar modelos para los vestidos y encontrar a alguien que preste un traje o un smoking para los más exigentes.
Ya casi nadie se acuerda de la necesidad de estudiar para recibirse y ahí empiezan las agarradas con los profes, los ruegos y súplicas para que las notas alcancen.
Por ahí se dice que hay un tiempo para todo, y que mezclar las cosas lleva a la confusión y a un caos general, en que nadie puede decidir a conciencia y siendo coherentes.
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VIAJE DE EGRESADOS (2da. Parte)
(Ignacio Salgado)

Querido Luis:
Me pareció interesante el artículo que escribiste sobre los viajes de egresados de 3er año del Polimodal.  Casualmente, la semana pasada estuve debatiendo este tema con compañeros de trabajo.
Creo que todavía habría más tela para cortar, respecto de lo que escribiste: por ejemplo, la responsabilidad que tenemos los padres, que son en definitiva quienes subsidiamos los viajes de egresados.  En general, somos conscientes de todo esto que describís, pero... “¿cómo voy a negarle el viaje a mi hijo?  No quiero ser un padre castrador.”  Y en más de un caso, elegimos aceptar el pseudo-objetivo del viaje (“unirnos más los chicos de la división”) y hacernos los distraídos ante el verdadero objetivo que no nos animamos a explicitar, porque quedaría en evidencia nuestra complicidad.  Eludimos preguntar a nuestro hijo: “¿Cuál es el objetivo del viaje de egresados, por el que tengo que desembolsar un dinero que no me sobra?”  Más bien adoptamos ante el hijo la actitud de “mentime y haceme feliz”.  Ojos que no ven, corazón que no siente.
¿El objetivo es unir más a la división?  Entonces cabría preguntarse si ir a un hotel en Bariloche es el ámbito más apropiado para tal fin.  Pero esta pregunta no puede ser planteada, porque se corre el riesgo de deschavar el verdadero sentido del viaje.
¿Hay ganas de joda, descontrol, hacer todo que aquí no hago?  Es una opción.  Y entonces, ¿por qué no tener los cojones para plantearlo abiertamente?  Una chica me decía una vez: “es que si lo decimos, nuestros padres no nos pagarían el viaje”.  Creo que ahí nos subestiman a los padres: sabemos perfectamente cómo viene la mano; simplemente preferimos no blanquear todo esto.
Otra cuestión que también me incomoda del tema viaje de egresados,  es la falsa ilusión de los chicos de “ser libres” en ese momento.  Casi siempre, cuando hay un joven que cree estar descontrolándose, hay detrás un adulto utilizándolo para hacer su negocio.  Sea un coordinador, un promotor, una empresa que organiza viajes, etc.; el joven es una mercadería a la que se manipula para sacarle la mayor cantidad de plata posible.  Y mientras tanto, el joven cree que está en Bariloche haciendo “la suya”, lejos del mundo de los adultos. 
Desde ya que sería injusto meter a todos los viajes de egresados en la misma bolsa.  Celebro aquellos estudiantes que han logrado, con su viaje de egresados, crecer un poco como personas y como grupo.  Admiro a aquellos que supieron ser “signo de contradicción” en ese momento (nada fácil, por cierto), en lugar de ir “con la manada”.  Valoro a aquellos jóvenes que ya a esa edad “no piden perdón ni permiso” para ser católicos, sea donde fuere (sé que esto último no ha sido mi caso).
Un abrazo. 
NACHO

NO QUEDARSE EN LO FÁCIL. UN CASO TÍPICO
(Alfonso Aguiló)

"Entiendo lo que dices –comentaba Guillermo, un recién matriculado en la universidad–, pero yo no puedo ser distinto a como soy.

"Yo siempre he sido un poco despreocupado, algo informal, no me gusta tomarme demasiado en serio las cosas. Quiero disfrutar un poco de la vida, aprovechar un poco estos años, que apenas tengo diecinueve y no estoy en edad de pensar tanto.
       
"Tengo muchos proyectos en la vida, pero para más adelante. No tengo prisa. Yo no aguanto muchos días haciendo la misma cosa. Me gusta la variedad. Ya repetí un curso en bachillerato y no me traumatiza. Incluso prefiero hacer la carrera más despacio pero conociendo muchas otras cosas mientras.

"Y esto me sucede con casi todo; por ejemplo, tengo muchos amigos y amigas, pero me gusta ir variando, conocer gente, pero sin engancharme; he salido con muchas chicas, pero ninguna me ha durado dos meses: no quiero comprometerme ni estar ligado a nadie ni a nada.

"Yo –concluía– siempre he querido ser práctico. Tengo que aprovechar la juventud, que ya tendré tiempo de hartarme de vida más sosegada. No quiero ser como esos que se pasan sus mejores años debajo de una lámpara, estudiando día y noche como si no hubiera otra cosa en la vida."

Aquel chico no acertaba a comprender que por aprovechar, como él decía, esos cinco o seis años de vida universitaria, probablemente acabaría lamentándolo los cincuenta o sesenta siguientes.

No quería entender que es preciso esforzarse mucho para abrirse camino profesionalmente. Que no se trata de pasarse la juventud debajo de una lámpara, es cierto, pero es indudable que de cómo uno se prepare en esos años depende en mucho cómo será luego su vida. Que lo habitual es que una persona perezosa o inconstante a su edad, llegue a los treinta o los cuarenta sin haber cambiado mucho. Igual que si es egoísta, o frívolo, o superficial.
        
Pasan los años y el tiempo no les hace mejorar si no se esfuerzan por mejorar.

"Mira –recuerdo que me decía–, es que no es tan sencillo. Sería una maravilla ser persona con una voluntad firme, y todas esas cosas. Lo desearía para mí, por supuesto. Pero todo eso exige mucho esfuerzo y yo no estoy acostumbrado a esos agobios.

"¿Es que no hay ningún camino más fácil? ¿No se puede ser feliz sin tanto sacrificio? Yo no soy mala persona, tú lo sabes. Procuro no perjudicar a nadie y al tiempo no complicarme la vida..."

Y suelen tener razón en aquello de que no son malas personas, y de que procuran no perjudicar a los demás, y todo eso. Pero pienso que resulta algo pobre y bastante peligroso ese benevolente planteamiento de "no hacer daño a nadie y disfrutar cuanto más se pueda". Cuando una persona excluye por principio aquello que le supone complicarse la vida, esa actitud puede significar una seria hipoteca para su felicidad.

— Tampoco creo que complicarse la vida tenga que ser el punto central de la filosofía de la vida de una persona...

No, pero tampoco puede serlo el no complicársela, sobre todo cuando ésa es la única razón que nos frena ante algo digno de mejores actitudes. Hacer el bien supone muchas veces un esfuerzo considerable.

Evitar habitualmente lo que supone esfuerzo hace difícil mantenerse dentro de las fronteras de la ética y de la sensatez.

 — Pero tampoco tiene mucho sentido privarse de cosas lícitas...

Cualquier elección, por sencilla que sea, supone renunciar al resto de las opciones, la mayoría de ellas lícitas. Mill decía que de quien nunca se priva de cosa lícita, no se puede esperar que rehúse luego todas las prohibidas.

También cabe recordar aquella conocida expresión de cortar por lo sano, que sin duda proviene de la sabiduría médica y es tan de sentido común. Si hubiera, por ejemplo, que amputar una pierna o un brazo gangrenados, no se puede cortar justo en el límite entre lo sano y lo enfermo, porque lo más probable entonces es que siempre quede algo de lo enfermo, por pequeño que sea, y el mal continuará extendiéndose. Es preciso cortar un poco más arriba, aun a costa de perder algo de la zona sana.

Hay personas que son como un manojo de sentimientos vaporosos, personas que sólo quieren aceptar la parte fácil de la vida.

Quieren el fin, pero no quieren los medios necesarios para alcanzar ese fin. Quieren ser premios Nobel sin estudiar, enriquecerse sin dar ni golpe, ganarse la amistad de todos sin hacerles un favor, o ingenuidades por el estilo. Y eso no es serio.

No distinguen entre lo que es propiamente querer algo, con todas sus consecuencias, y lo que es sencillamente una ilusión, un apetecerles, un soñar soltando la imaginación.

Han de comprender que para la vida real se necesita más esfuerzo que para las novelas fabricadas por la fantasía. Y quizá no se enfrentan con la realidad de la vida porque están enormemente mediatizados por la comodidad.

Quieren triunfar en la vida, como todo el mundo, pero olvidan el esfuerzo continuado que esto supone: para hacer bien una carrera son precisas muchas jornadas de clases y estudio que no siempre apetecen; para ser un buen atleta hay que perseverar en un entrenamiento muchas veces agotador; para dominar un idioma no bastan unas cuantas clases o unas semanas en el extranjero. Para casi todo hace falta esfuerzo, y no poner ese esfuerzo supone rechazar el fin, no querer de verdad.

Esta falta de fortaleza de carácter aparece a veces como una auténtica fiebre por cambiar de objetivo. Ejemplos típicos:

• Ve anunciado en la televisión un eficacísimo método de aprendizaje de inglés, que pasa de inmediato a resultar absolutamente imprescindible. Lo compra. La primera decepción es que el método es muy laborioso, hay que ir grabando unos ejercicios en cada lección... De todos modos, comienza..., le cansa, sigue, lo deja; lo retoma, se aburre..., y finalmente lo deja en el olvido..., en la lección 4ª.

• A la semana siguiente comienza a leer una novela interesantísima..., pero enseguida se le hace pesada y queda abandonada en los primeros capítulos.

• Quizá después se propone hacer footing todos los días..., y no pasa de tres o cuatro.

• Al poco fantaseará con ser un insigne virtuoso de aquel instrumento musical, pero pronto le parecerá inútil o imposible.

• Quizá más adelante empiece con otra afición, y será un nuevo hobby que se sumará a la interminable serie de ilusiones que nunca se alcanzan, a ese continuo devaneo presidido por la inconstancia.

• A lo mejor otro día, después de ver una película o de leer un libro en los que se exalta la figura de un personaje, con quien se identifica, se llena de proyectos buenos y de ilusiones sanas..., pero que se desvanecen en cuanto respira el aire de la calle, en cuanto aterriza de su ingenua emotividad.

El que se mima a sí mismo se vuelve blanducho. El camino de la vida fácil, aunque ameno al principio, se hace cada vez más trabajoso; y al final aguarda un amargo despertar.

No es más fácil la vida fácil.

¿POR QUÉ ES BUENO ESPERAR?
(Katherine Hogg, psicóloga)
Fuente: www.enfoquealafamilia.com
 
“¿Por qué crearía Dios toda esta energía sexual en mí, si no me permite desahogarme cuando yo quiero?”
 
Esta es la argumentación más frecuente que escuchamos por parte de los adolescentes, cuando les hablamos de esperar hasta casarse para iniciar una vida sexual.
 
En realidad, esta es una pregunta muy válida, ya que el deseo sexual no es abstracto, sino más bien una presión latente en cada ser humano, y es por esta razón que es importante orientar a los adolescentes y jóvenes adultos en este tema.  Una de las principales razones por las cuales los seres humanos no deben obedecer ciegamente a sus impulsos sexuales, es que por naturaleza el ser humano es un ser integral y como tal debe tomar en cuenta, de forma responsable, los aspectos biológicos, emocionales y sociales de su sexualidad. El acto sexual no es, en ningún caso, un acto aislado sin consecuencias emocionales y sociales como lo es el comer un emparedado.
 
La sexualidad es un mecanismo muy complejo que fue creado por Dios para satisfacer una serie de necesidades inherentes al ser humano en tiempos determinados de su vida y bajo circunstancias específicas, a fin de lograr un equilibrio individual y social.  El adolescente, instruido de forma responsable por sus progenitores o encargados, será capaz de elegir su bienestar integral presente y futuro ante la posibilidad de un momento de placer físico.
 
A pesar del análisis anterior, generalmente las personas se hacen preguntas tales como: ¿Por qué es tan atractivo el sexo? ¿Por qué la gente piensa tanto en él y por qué se dejan llevar por el deseo sexual?  ¿Por qué parece que el deseo sexual es mucho más poderoso que la fuerza de voluntad? Para dar respuesta a algunas de estas interrogantes podríamos recordar la analogía que hace el autor Tim Stafford en uno de sus libros dirigido a jóvenes: “cuando construimos una casa, podemos observar cómo primeramente se instalan las bases, luego se levanta el armazón y posteriormente viene un electricista y entreteje una red de alambres por todo el esqueleto de la casa, finalmente se terminan las paredes y son debidamente pintadas, ahora los alambres ya no se observan. Una vez que la casa estuvo lista la compañía de electricidad conectó esa red de alambres a la corriente. De pronto todos esos cables cobraron un significado enorme. Y aunque no se podía ver ningún cambio, pues los alambres seguían escondidos, la casa sirvió para algo más que simplemente cubrirnos de la lluvia.”
 
La sexualidad es algo parecido; biológicamente nuestro potencial fue entretejido al nacer. Tenemos los órganos apropiados, y tanto hombres como mujeres tienen las hormonas necesarias. Sin embargo, para la mayoría de las personas, la sexualidad no significa mucho hasta que se llega a la pubertad.  Es entonces, cuando esa red de cables se conecta a la corriente.  De pronto, el sexo se convierte en un poder activo. De ahí, que algunos no pueden esperar, porque se imaginan que sería un desastre perderse la experiencia sexual.  No obstante, en general, todo ser humano en su intimidad emocional, desea algo más que la mera relación física del acto sexual; más allá de este acto añora una pareja que satisfaga su necesidad emocional de amar y ser amado, con quien eventualmente compartirá su vida.
 
Por lo tanto, el acto sexual en sí conlleva una serie de repercusiones emocionales y sociales que exigen compromiso. El acto sexual sin compromiso puede resultar en transmisión de enfermedades, embarazos no deseados, y personas emocionalmente lastimadas.  El acto sexual saludable es aquel que se circunscribe al matrimonio fundamentado en el respeto y la entrega mutua, ya que este es el único vínculo que conlleva el grado de compromiso necesario para que las relaciones íntimas se desarrollen de forma positiva para el individuo y la sociedad.
 
Hoy día, la presión que reciben nuestros adolescentes, desde diferentes grupos, es muy agresiva.  Desde temprana edad los individuos se encuentran inmersos en un bombardeo constante de información que explota la sexualidad humana, fomentando el hedonismo, el consumismo, y el libertinaje como pautas sociales no solo aceptadas, sino también deseadas. Es por esto que es de vital importancia que los padres tomen un rol activo en la educación sexual de los hijos, fomentando en ellos verdaderos valores y una actitud responsable en cuanto a su sexualidad, enfatizando las posibles consecuencias que puede tener el llevar una vida sexualmente activa fuera del compromiso del matrimonio, y advirtiéndoles que aún cuando en la adolescencia se alcanza la madurez física o de reproducción; la madurez emocional, social, intelectual y ética, necesaria para canalizar positivamente nuestra sexualidad, se alcanza en etapas posteriores de la vida, ya que requiere de gran esfuerzo, responsabilidad, buen juicio y autocontrol.
 
Actualmente, el término “relaciones sexuales responsables o sin riesgo” es ampliamente usado, bajo el supuesto de que basta con usar métodos anticonceptivos o de protección como el condón, para tener relaciones íntimas responsables; sin embargo, esta posición no advierte enfáticamente que la protección que ofrecen estos métodos contra embarazos no deseados y enfermedades tales como el SIDA, no es totalmente confiable, tal como lo revelan numerosos estudios. Así también es simplista en cuanto excluye el aspecto emocional y el aspecto social del encuentro íntimo.
 
Recuerde que el comportamiento sexual responsable tiene como base la fidelidad, el compromiso y la madurez, y por lo tanto debe darse dentro del contexto del matrimonio. Aún cuando requiere de gran autocontrol, responsabilidad y disciplina, el comportamiento sexual tal como lo hemos definido, es una de las principales fuentes de satisfacción emocional, y sienta las bases para una relación de pareja saludable y duradera. ¡Vale la pena esperar!